el ahora es tan poderoso, que puede romper con cualquier cadena que nos este anclando a maliciosos pensamientos imaginarios…

ANALIZANDO ANALISIS

“La imaginación desoja a la realidad de todo lo malo y la adorna con todo lo bueno, depurando la experiencia, cristalizándola en los moldes de la perfección que concibe más puros.”

Ahora bien, supongamos que estoy (llevando esto a una situación extremadamente cotidiana, coloquial y puntual) comenzando una relación intima con un joven. Comienza todo de manera muy efusiva, prometedora y cariñosa. El muchacho en cuestión despierta en mi todo aquello que uno sueña con reavivar en este tipo de casos. En otras palabras, me genera un deseo físico e intelectual importante.

Con el paso del tiempo me voy involucrando con esta persona. Y como primer indicio de esto, mi percepción cambia, y con ella se despide la calma para dar paso al monstruo de la inseguridad que habita pasiva y acechantemente en todos nosotros. Trato insistentemente de figurar en mi cabeza que existe una gigante mano que desplaza como al carretel de una máquina de escribir mis desviados pensamientos hacia el centro de mi “camino”. Pero ni con toda la fuerza del mundo logra volver a su centro a mi testaruda cabecita.

Hacia allí entonces me lleva esta situación que comenzó como un maravilloso regalo, y ahora pareciera ser casi una maldición.

Bueno, supongamos que logro por instantes ser una persona lógica y feliz, y disfrutar de la compañía del joven, libre de aquella del monstruo de la inseguridad (ya me está asustando inclusive nombrarlo tanto. Le voy a llamar… Mosi). Logro esto y estoy en la cama con esta persona comenzando a generar un grato momento de encuentro físico tan anhelado y excitante, según mi memoria. Allí estoy, y miro a mi compañero. Es hermoso, pienso. Tiene todo lo que una mujer quisiera de un hombre. Analizo su alma y cuerpo en segundos y siento que cada una de sus caricias es digna de generar envidia en cualquier charla entre mujeres. Y entonces aparece Mosi. Lo veo venir, presiento el frio que produce su sombra. Los pelos de los brazos se me erizan, la mente se desvía, la sonrisa se arquea hacia abajo, la libido disminuye, y mis caricias se vacían de contenido.

En ese momento interpreto, al punto del convencimiento ciego, que todas la mujeres del mundo están de hecho enamoradas secretamente de esta persona, o podrían estarlo si tan solo lo conocieran como yo. Pero el problema es que yo lo conozco hace muy poco, cuantas mujeres más lo conocen tanto (o tan poco) como yo? Cuantas estarán pensando en la gran persona que atravesó su camino, y sobre todo, entre cuantas se estará el debatiendo a través de pruebas teóricas y físicas, para luego finalmente quedarse con la ganadora. Y si no hay una fila eterna de mujeres en este preciso momento frente a su puerta aguardando como yo ansiosas por su veredicto, que hay de aquellas del pasado? Su peso, aunque efímero, es tanto o más fuerte que aquel que puedo representar yo o cualquier “otra”.

Después de esta tormenta en mi cerebro, solo quiero refugiarme en algún lugar lejano, oscuro, familiar y seguro. Ya no quiero estar más con este promiscuo, falso y vende humo. Otra vez fui traicionada, otra vez mi linda y blanca inocencia se vio manchada por el canibalismo del hombre. La idea de un convento se torna otra vez acertada.

Este es definitivamente el problema, me pregunto cuál es la solución. Es extremadamente simple. Lo complicado es el método para llegar a ella: el “dejarse de joder y disfrutar” que es básicamente la solución de continuidad de esta encrucijada mental.

Vamos a los métodos. Los métodos para llegar a objetivos como el disfrute no dependen tanto del como sino de nuestras entrañas, de nuestra voluntad más pura y básica. Por esta razón, cada vez que buscamos el “como” en consejos a través del dialogo con un tercero, no solo sentimos que nunca se llega a comprender del todo nuestra problemática, sino que nos resulta frustrantemente imposible de retener toda esa información valiosa que se genero trago de por medio.

La intención de las amistades en estos casos, es la mejor. Nuestra percepción es la que falla. Tratamos tercamente de introducir otras mentalidades, que fueron desarrolladas a través de una infinidad de diferentes experiencias y partiendo de una inmensa variedad de puntos, dentro de nuestra vida, de nuestra mente, de nuestro corazón, y de nuestra psiquis. Es virtualmente imposible. Solo cuando llegamos a un momento crítico (léase crisis como ruptura y comienzo paradigmático) personal es cuando adoptamos con una morfología personal todas estas maravillosas teorías y nos volvernos un poco más sabios. Acelerar este proceso de quiebre es algo que SI podemos lograr consciente y metódicamente. Esto es un gran alivio ya que para soluciones matemáticas como esta siempre habrá formulas concretas en las cuales apoyarse. Cuestiones como recordarse cotidianamente Disfrutar, el pedido de ayuda y el análisis, si bien momentáneamente nos alejan del básico e instintivo disfrute animal (que debemos dar crédito a los hombres, poseen más en contacto con la superficie) forman parte del camino perimetral que debemos recorrer hasta hallar una propicia entrada.

 

Como controlar la mente.

Para empezar a hablar de esto, debo aclarar que no encontraran ni en mí ni en nadie (nuevamente) la solución universal, ya que se trata de un fin personal. Hay varias técnicas, como por ejemplo una que debatí durante muchos años con una amiga de manera intermitente según fue surgiendo la necesidad. Al pertenecer ambas a un amplio y a la vez reducido grupo de amistades de muchos años, conocíamos casi a la perfección e íntimamente a un gran número de mujeres de nuestra misma edad, con las coincidencias experimentales que esto acarrea. Entonces inventamos esta suerte de salvavidas mental: cuando no supiéramos como manejar una situación o no encontráramos la manera de superar ciertas barreras personales nos preguntaríamos: “como haría tal persona en este caso”, y esa persona seria la que fuera reconocidamente más hábil en la materia, y así actuaríamos. El consuelo a la sensacion de ‘falta de personalidad’ (como tanto le gusta a la gente catalogar ciertas actitudes) que esto pudiera generar, era una sencilla justificación: “No es copiarse, sino aprender del otro”. Amén.

Si tanto leemos, rezamos, adoramos e idolatramos, por que no admirar e imitar a esas entidades sin fines de lucro que son las personas que nos rodean? Si es de ellas de las que estamos realmente orgullosos después de todo.

Este método puede ser un puntapié inicial importante y clave para soslayar ciertos momentos de crisis internas. Pero claro está que es tan solo una rápida y eficaz solución que, como tal, no es permanente. Lo que si puede prevalecer en el tiempo hasta el punto de naturalizarlo, es la versión nuestra de estas actitudes “copiadas”. Al ser cada uno de nosotros únicos e irrepetibles, aunque quisiéramos imitar, solo lograremos manifestar interpretaciones, y esto es lo bueno. Podremos moldear a nuestro gusto y piaccere esa nueva actitud incorporada, rigiéndola por nuestros criterios personales. Haciendo lo nuestro. Haciendola nuestra.

Suficiente con esto. Ahora quisiera retomar el concepto de disfrute de aquella primera situación descripta en la cama con el chico de mis sueños (hecho realidad).

Mosi se presenta arruinándolo todo, entonces dejo en el imaginario de mirar a él, a mi compañero. Retiro esa mirada de admiración y fascinación incondicional (y déjenme agregar, muy probablemente infundada), y me prestó atención a mí. Si, es claro que parece mucho trabajo para un intenso momento carnal, pero ya que nos la arreglamos para alejarnos a mil kilómetros de la lujuria estando tan cerca del cuerpo más deseado, ahora deberemos recorrer el camino de vuelta, lamentablemente. Prestarme atención significa básicamente realizar un recorrido mental de mis experiencias, mi vida, de mi misma. Rememorar logros (si se quiere se puede uno circunscribir a aquellos meramente personales o de pareja, aunque esta fuera ocasional), elogios, satisfacciones, momentos de alegría pura, de confianza y seguridad. Volver la mirada sobre nosotras quitara la presión del momento. Bajara a nuestra compañía del pedestal en que lo pusimos, pero no por denigrarlo, seguramente si se trate de la excelente persona que tanto sospechamos con desgano, sino para situarlo justo a nuestra altura: ambos con los pies sobre la tierra.

Con el autoestima reconstituido, solas, naturalmente volveremos a hacer de ese momento un momento de a dos. Ya no será Dios y una súbdita, ni un Rey y su esclava, ni un aristócrata y una plebeya, volverán a ser lo que fueron el primer momento que se conocieron: dos personas que se gustan.

Si alguno se tomo el trabajo de releer la original frase citada al principio de este capítulo, perteneciente al libro de José Ingenieros “El Hombre Mediocre”, quizás se haya encontrado intrigado por las ramificaciones aquí expuestas. Esto tiene que ver un poco con la interpretación de la que hablaba anteriormente, aquella que hace de una idea un medio de catarsis que genera un efecto que se desprende de la idea misma conservando solo algunos genes. Pero esta vez, quisiera retomar esa frase para realizar sobre ella un breve análisis más literal que el anterior.

La imaginación, como persona que ama las artes y adora la creatividad en todas sus manifestaciones, creo que se trata de una de las herramientas más maravillosas que nos dio el mundo metafísico. Capaz de hacer brillar el sol en los días más nublados, o de incitarnos la más fuerte de las carcajadas en los momentos y lugares más despojados de todo entretenimiento. La imaginación nos permite proyectar, en definitiva realizar (hacer reales) nuestros anhelos hasta entonces efímeros. La imaginación es tan poderosa que es capaz de llevarnos a cualquier lugar, en tan solo un eterno segundo. Pero como el ángel bueno y malo que reposa representativamente en nuestros hombros, podemos llevar nuestra imaginación a lugares oscuros, y estos son quizás los más fuertes, porque nos llevan hacia abajo, y la gravedad existe en este plano también. Como dice la frase “la imaginación depura la experiencia”. Esto último es quizás lo más peligroso dentro del contexto del análisis previo. Perdernos de la realidad, alejarnos de ella, es un pecado para con nosotros mismos. Abstraernos de la realidad para aquellos con mente muy divagante y tendenciosamente negativa, es un riesgo mortal. De muerte del espíritu, de muerte de la sonrisa, y el disfrute; de muerte de nuestra compañía, porque ya no la veremos, así como también dejamos de vernos a nosotros mismos. Todo se nublara y observaremos la vida a través de nuestros problemas, y se ve muy borroso y oscuro a través de ellos. La nitidez que solo un par de ojos bien abiertos y bien presentes pueden darnos, ES la clave del disfrute. Como se dice (y mucho) vivir el ahora, es tan poderoso que puede romper con cualquier cadena que nos este anclando a maliciosos pensamientos imaginarios.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s